La mosca española, ¿existe?

Según Juan José Millás, existir, existe, y se caracteriza por llevar bigote o mantilla, según pertenezca la mosca, respectivamente, al genero masculino o al femenino. En esto estoy completamente de acuerdo con Millás. De existir, la mosca española debería reunir tales condiciones.

Ocupado en estas reflexiones me he dejado llevar por mi espíritu científico y he buceado por Internet googleando "mosca española" para descubrir con espanto que, en primer lugar, tal mosca no es mosca sino escarabajo (en la foto de abajo podéis ver su brillo dorado, más propio de joya que de simple insecto). Y que, además, sea mosca o escarabajo, de ella (o de él) se obtiene la cantaridina, principio activo de la cantárida, sustancia de bellísimo nombre que se utiliza entre otras cosas como afrodisíaco, dado su poder, cuando se toma a pequeñas dosis, de provocar priapismo. Cantárida, priápica, afrodisiaca, tal es la secuencia adosada por la ciencia a esta mosca española que nos deja atónitos.

Esto Millás no lo sabía, me supongo, cuando escribió su artículo del 7 de Enero en la contraportada del País y le puso el mismo título que yo le he puesto a este. Ni tampoco sabrá de los efectos que el hecho de escribirlo ha producido en las estables páginas de resultados de Google para la búsqueda "mosca española", al aparecer, cual disonante cuña, dos referencias a su artículo del País entre otras ocho unánimemente dedicadas a sus propiedades afrodisíacas. Efecto que, todo hay que decirlo, no me parece raro dado el poder surrealista del que anda sobrado nuestro admirado escritor y articulista.

El caso es que Millás se quedó con una frase que a mí también me enganchó en su momento. Debimos leerla casi a la vez, seguro que el mismo día (2 de Enero de este año) y es posible que a la misma o parecida hora. En mi caso a las 10 h. de la mañana, que es cuando suelo leer la prensa. "Soy de los que piensan que somos de algún sitio", leímos ambos que dijo Chillida. Y ambos, a lo que parece quedamos pensativos. Yo no reaccioné hasta hoy, pero, a tenor de lo escrito por Millás, lo que esta afirmación produjo en ambos se parece bastante: perplejidad.

En mi caso, también soy de algún sitio. Como todos, pensé, pero ese hecho yo con gusto lo he ido olvidando. Por más que haga memoria, solo percibo una burbuja vacía de interés que va inflándose camino de un tamaño sideral. Inmensidad que que prefiero, pues me reconforta más que la pequeñez concreta de aquel lugar en el que un día despunté: me siento como un clavo que clavaron desde el otro lado, apareciendo en éste tan solo una puntita. Mi trabajo me cuesta, pero poco a poco voy tratando de sacarme hacia aquí y desplegarme a lo ancho y a lo alto.

Chillida me gusta. Su escultura es imponente y sobrecogedora. Y no sólo esculpe. Hay frases de Chillida que imponen tanto o más que sus esculturas:

En el extremo de lo agudo, el silencio.
Atravesar el espacio silenciosamente.
Conseguir la vibración muda.
El límite es el verdadero protagonista del espacio,
como el presente,
otro límite,
es el verdadero protagonista del tiempo.

También dijo: "yo soy ciudadano del mundo, pero desde San Sebastián". Y ahí es donde se asienta en mi caso esa perplejidad de la que hablaba, la mía ahora, que no la de Millas, pues sintiéndome yo también ciudadano del mundo, no surge en mí ningún pero que añadir. Pero pelillos a la mar: si no fuera por Millas y por las carcajadas que me ha provocado su reconocimiento de ser hijo de moscas, si bien de moscas españolas, seguro que no se me hubiera ocurrido escribir todo esto.